Tenemos que seguir lamentando que Las Venas Abiertas siga teniendo una punzante actualidad (a Galeano le pasaba lo mismo). Y es necesario seguir con atención a los acólitos del imperialismo descripto en esas páginas que se esfuerzan en tapar con mamotretos pseudo-teóricos y supuestas posturas superadoras lo que comienza a ser un continente en marcha, a pesar de EE.UU.
Uno de esos tipejos es Oppenheimer, Andrés, que medra en la gusanera de Miami. Desde esa poltrona del pensamiento reaccionario lanza sus diatribas intentando convencernos de la fatiga ideológica que supuestamente reinó en la reciente Cumbre de las Américas. Trata de ocultar que su patrón, EE.UU. ha perdido influencia y está en un franco camino de descenso, pese a su optimismo injustificado.
Muestra, muy a su pesar, la fatiga intelectual que produce la repetición incesante de lugares comunes que ahora no se alcanzan a disimular detrás de las teorías neoliberales que se van desmantelando mientras los orejones del tarro se dan cuenta que el rey está en pelotas.
Oppenheimer nunca podrá admitir semejante cosa, por eso cambia la naturaleza de la cumbre para transformarla en una alabanza a EE.UU. Y a su panfleto suma la condena a China y Rusia, los dos blancos móviles de la iras de sus patrones. Hacen muy bien en enojarse porque el bacalao dejó de cortarse en ese norte que se agota en su propio mito.
El viento sopla en otra dirección. Y los fuegos bobos siguen sin quemar ni alumbrar.
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Véase además el mecanismo presente en el artículo: tienen que creer lo que digo porque lo digo yo. No necesitan pruebas, esta es una verdad revelada. En fin, teología neoliberal.
Nótese también cuál es el nuevo argumento de combate (no es nuevo en realidad, lo tiró Fukuyama con ese asunto del fin de la historia, que la historia demolió en mil pedazos): la ideología del fin de las ideologías.
