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Nos vamos a poner de acuerdo. Cuando un locutor dice con toda la boca llena de dientes que el clima es muy bueno, que el día es radiante, que etc, etc., mientras afuera hay un calor de cien mil demonios ardientes, ese locutor está ejecutando una petición de principio. Una petición de principio amparada por una larga propaganda que ha definido, arbitrariamente, que el verano es buen tiempo, que el calor es sensual, alegre, colorido y benévolo y el invierno, el frío, triste, crudo, aburrido.
Noticias para todos esos pensadores que se amparan en lugares comunes.
El verano es buen tiempo para el que le gusta el verano.
Para uno como yo que adora el invierno, que odia transpirar, que detesta el olor del cuerpo humano cuando se amontonan cientos de ellos en los medios de transporte público, que aborrece los programas en vivo desde Mar del Plata, Carlos Paz y Punta del Este, que lanzaría una bomba de silencio sobre Jorge Rial y todos los que morfan de la depravación ajena, que patearía en el medio del tujes al tipo de Crónica que hace la placa de "Estalló el Verano" o " Faltan X días para el verano", para uno como yo, el verano es mal tiempo.
¿Me vas a oponer el argumento de las vacaciones? Entre nosotros: quince días en el mejor de los casos y luego a seguir transpirando bajo el sol yendo a laburar todos los días mientras aprieta la canícula. Soportando las quejas de las boludas/dos que sienten frío por el aire acondicionado y en vez de abrigarse lo hacen apagar.
No gracias.
A mi dejame temblando y con el viento del sur en la frente.

