Uno lee una cosa como esta y sospecha...
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Es un estúpido, un cretino tilingo, un tarado, que se yo. Cualquier cosa menos que es el presidente de este país. Y que es tan profundamente pelotudo que ni siquiera advierte que está ejecutando una metáfora nefasta, porque como todos saben, el barco nombrado, el Titanic, se hundió (Pablo Sirvén dice que en realidad navega bajo el agua y el inefable Majul cree que el iceberg lo plantó un comando de La Cámpora)
Con esta sospecha persistente entonces, lee lo que sigue:
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Y comprueba que el autor de las líneas no es un férreo kernerista, ni siquiera un opositímido. Entonces confirma varias sospechas y tiene ganas de practicar suicidio ritual.


