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Lo primero que hay que decir es que no es la primera vez ni será la última. Traiciones como las de Bossio y los ¿unitarios federales? que se escindieron del FPV con una serie de excusas poco menos que ridículas han jalonado la historia parlamentaria argentina.
Ahora, que sea practicamente una costumbre no lo convierte en legítimo. Digamos, por un lado es legal, pero por otro es ilegítimo. Como en
el caso del Dr. Borocotó que ejecutó un pase similar, aunque llevándose sólo a él mismo en 2005.
Legal porque no existe ningún impedimento jurídico para ejecutar estas piruetas (sería bueno que existiera, aunque sospecho que la corporación política no impulsaría un instrumento semejante). O sea, no es un delito, no es punible.
Ilegítimo porque sustituye la voluntad popular que llevó al legislador o legisladores al lugar en donde están. Reemplaza el mandato colectivo que se encarna en su designación por los objetivos y metas particulares, que pueden ser muy dignas y loables, pero son particulares.
En el caso de este nuevo bloque, objetivos grupales que son distintos a los que impulsaron al votante. Este acto de sustitución convierte la maniobra en ilegítima.
O sea, en sentido literal, una traición. La sustitución reemplaza unos objetivos por otros y en ese acto la voluntad del voto es tergiversada. El mandato que contiene la banca deja de tener efecto puesto que la intención del sufragante es reemplazada por las intenciones de los disidentes, que no son por principio, las intenciones del bloque del que se escinden.
Repito: en vez de representar, sustituyen.
En el sistema electoral argentino los legisladores se eligen en bloque, o sea, no existe la opción de seleccionarlos individualmente al momento de votar. Por tanto el voto implica la aceptación de un colectivo que sostiene los intereses que el votante considera necesario defender o promover. No hay una decisión formal fundada en la individualidad. Entonces se espera que cada legislador responda al interés del grupo al que dice pertenecer y con el que se postuló.
Cualquier otro camino es, reitero, ilegítimo.
Más allá de las consideraciones personales o reparos que uno pueda exponer en torno a la figura de Diego Bossio (que ya venía avisando de este asunto incluso cuando estaba en Anses y no era candidato a nada) el cisma que han ejecutado es ilegítimo.
De más está decir que el quiebre favorece a Cambiemos. Y como me enseñó con toda crudeza un profesor allá lejos y hace tiempo: siempre hay que buscar en todo proceso social conflictivo al que se beneficia con la crisis, el que obtiene ventajas y sale favorecido. Por lo general ése es el instigador o el culpable. En este caso el traidor es un agente fungible que sin duda obtuvo algún premio o compensación, pero no deja de ser un peón. Y un peón, bien lo sabemos, juega como peón. Depende de una voluntad mayor.
No hay que perder de vista al enemigo real y concreto. Bossio y el nuevo bloque que comanda son apenas peones en un tablero mayor, en un juego que los excede. Tendrán no me cabe duda, su quintita de privilegios y amenities. Pero no son el objetivo principal.