CUANDO UN AMIGO DE VA
A mi amigo Marcelo Castells
Esa materia te había hecho doler la cabeza. Maldita y amada Epistemología que nos taladraba el marulo. Y la aprobaste con honores. Te vimos salir del aula con una sonrisa ancha como el mundo y ahí vino la sorpresa: tomaste carrera y usando el pasillo como una improvisada pista de atletismo, diste tres vueltas hacia atras y en el ocaso de la última aterrizaste en el suelo con las piernas abiertas de par en par en una tijera perfecta. Aplaudimos mientras el resto de los autodenominados normales censuraban la maniobra.
Estabas un poco loco, como todos. Pero te animabas a mostrar que esa condición no es deplorable. Y eso no lo hacen todos. Una locura distinta a ese diagnóstico que te declaraba psicótico y te obligaba a tomar un menjunje de remedios atemorizantes.
En uno de esos momentos en que la desmesura se apoderaba de tu ánimo, te acompañé a caminar (casi la única forma de dominar el demonio que asomaba en los ojos). Con la lucidez de siempre me preguntaste si se notaba demasiado el ataque de pánico. Mi respuesta fue: "¿Se me notan mucho los anteojos". La carcajada subsiguiente alivió la tensión al menos por un instante.
Indagamos junto a nuestro benemérito amigo Hilario las honduras de esa pregunta llamada Dios y formulaste, uniendo los pedazos dispersos de varias filosofías y tu propia perplejidad, una admirable aproximación que llamaste "La Construcción Social de Dios". Los conflictos que ese escrito nos trajo se pueden contar por docenas.
No tenías frío en pleno invierno, no usabas zapatillas, excepto cuando las zapatillas eran una obligación social, tenías un humor algo extraño, a mitad de camino entre la ironía descarnada y el puro humor negro de quien se sabe definitivamente mortal.
Ahora tomaste la decisión de marcharte. Arriesgar una explicación a esa decisión es un acto trivial, como todo lugar común. El hecho es que hoy ya no estás y tampoco estarás mañana ni pasado. Aunque estarás.
Espero eso si, que hayas encontrado alguna respuesta.
Nosotros nos quedamos aquí, con el nudo en la garganta y con las preguntas.
