martes, 16 de junio de 2015

¿CRISTO QUÉ?

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El 16 de junio de 1955 la aviación naval argentina tuvo su bautismo de fuego bombardeando la Plaza de Mayo y matando a una cantidad de civiles que aún no ha sido determinada. Usemos la imaginación: supongamos que hoy, 16 de junio de 2015, una flota de aviones bombardeara la Plaza de Mayo. Aparte de la queja de los países "del mundo" por los turistas extranjeros asesinados tendríamos una encomiable cantidad de víctimas propias. Qué dirían los diarios, ponele, Clarín: "La aviación militar bombardea la Plaza K". O el más recoleto La Nación: "La aviación militar bombardea la Plaza Populista".
Algunas lágrimas derramarían por la "gente decente" afectada por las bombas porque tuvieron la mala suerte de estar mezclados en ese momento con un montón de camporistas que, como se sabe, están siempre en la plaza. Luego vendría un editorial de Pagni justificando a la aviación porque el populismo es así, ellos son los consumidores de impuestos y nosotros los pagamos, entonces, ellos están de más y aunque suene inhumano bombardearlos para extinguirlos es casi un acto de justicia.
Roa escribiría que el "régimen K" iba a terminar así, que dada las políticas de odio y resentimiento, esos tipos se lo buscaron. Mientras tanto en la bolsa de comercio, el índice Merval tocaría picos históricos, ya se sabe cómo le cambia el humor a "los mercados" cuando las fuerzas vivas deciden "salvar" a la nación en peligro.
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Lorenzetti, Ricardo I para los amigos, estaría ensayando en el espejo su discurso de asunción y Darth Vader le enviaría a Van Der Kooy y Julio Blanck para corregirle las aspiraciones y marcarle la cancha como corresponde. 
"La Iglesia" (léase Iglesia Católica Argentina) estaría haciendo malabares entre sus ganas locas de pronunciarse a favor del bombardeo y la necesidad de no hacer enojar a Pancho allá en Roma. Pero está en Roma ¿vistes? los chasquis vienen lentos e interpretados. Dijo que si pero no, porque acá si algo somos es occidentales y cristianos.
Mauricio, desplazado una vez más, trataría de asegurarse la administración de algo y su equipo de demolición, mal llamado económico, estaría redactando a toda velocidad los decretos para derogar todo y privatizar lo que sea en el menor tiempo posible.
¿Los orejones del tarro? ¿A quién carajo le importan los orejones del tarro?


Por eso los bombardeamos.
Todo lo anterior pertenece al terreno de la ficción. O no tanto. Esas mismas ganas que los cristovencedores se sacaron usando a la aviación naval que alegremente se dejó usar, permanecen, están en la calle, los hemos visto hace poco llevando carteles que hablan de lo mismo. Ahora no tienen al ejército, pero usan otros medios y no tendrían ningún problema en justificar un bombardeo a Plaza de Mayo.


Mirarían los cadáveres alineados en el piso y dirían frunciendo la napia: "algro habrán hecho esos KKs de mierda". Y se irían a comprar el último número de la revista Hola con la foto de Susana Dick dándole la mano a Noah Mamet, en su calidad de embajadora cultural de la Argentina.
Los productores agropecuarios seguirían presumiento una criollez que no poseen, en los countrys de la zona norte declamarían un abolengo patricio impostado y sus pequeños refugios antibombas seguirían llamándose como una burla ácida, "Indio Cua" o "El Mangrullo".


Todos los demás, o sea casi todos, volveríamos a estar jodidos. Seguiríamos poniendo muertos y luego, el lomo, para mantener a los vagos históricos de este país, parásitos que se alimentan del estado a través de contratos leoninos y licitaciones amañanadas. Los monopolios con las manos libres ya, festejarían el buen clima de negocios aumentando todo por encima de los aumentos de todo.
Los bobos, que somos pocos, tendríamos que resistir, porque nuestra esencia es esa, resistir.
Los demás, enarbolando cirios, repetirían a toda mandíbula "Cristo Vence"
Clavándonos alegremente en la cruz. 

2 comentarios:

Leonardo Tórtora dijo...

Te lo dije una vez y vuelvo a entrar para repetirlo: flaco sos un maestro

Dormidano dijo...

Leonardo:
Gracias. Inmerecidos elogios.
Me falta afilar la pluma pero voy aprendiendo.