viernes, 11 de octubre de 2013

A INSEGURO SE LO LLEVARON PRESO V: UNA MANO ATA A LA OTRA Y LAS DOS HACEN NEGOCIOS

El zorro en el gallinero
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Circula una frase que repite el sentido común: “la policía tiene las manos atadas”. Por supuesto, el uomo qualunque atribuye esas ataduras a los “jueces garantistas”, esos “zurdos de los derechos humanos", esas “viejas de mierda madres de subversivos”, etc.
Diremos que sí, que la policía tiene las manos atadas pero no por la ley (ojalá) sino por todo lo contrario, por su profunda y estrecha relación con el mundo del delito.
Como no nos gusta hablar al flato, indicaremos que desde hace más de dos décadas las penas no han hecho más que endurecerse y la ley no detiene a los policías cuando actúan como escuadrones de la muerte o como sicarios de alquiler, o cuando masacran civiles en medio de una lucha entre bandas de uniformados, etc. (las estadísticas del CELS y de varios organismos internacionales que analizan estos asuntos son contundentes, y acá algunos ejemplos como éste o éste o éste). Se ve a las claras que no tienen las manos atadas por la ley. Mucho menos por la justicia, que no les ata las manos excepto que haya un negocio en puerta (manos que se desatan por lo general mediante una buena cantidad de bonos contribución en moneda extranjera)
Pretender que no pueden intervenir porque la justicia los limita, no les da espacio, no los respalda, es una fantochada inmensa. Simular que no saben cuánto cuesta entrar por una puerta y salir por la otra, que no tienen idea de cómo se negocian esas cosas, que ellos no tienen nada que ver es el colmo del cinismo.
Las fuerzas de seguridad invocan esta excusa - tener la manos atadas- cuando buscan mayor impunidad aún de la que tienen. Cada vez que alguien intenta controlarlos, ponerlos en caja, recordarles que están del lado de la ley y no del delito se plantan frente a una cámara de televisión (que siempre está dispuesta a escuchar esas quejas) y dicen que no pueden hacer nada porque tienen las manos atadas por la justicia.
Y con eso basta para que un clamor de analfabetos políticos reclame para estos desamparados mayor libertad de acción (a casi nadie se le ocurre reclamar que los policías actúen dentro de la ley, porque ni siquiera piensan o no quieren pensar que por lo general actúan fuera de la ley en beneficio propio con el consiguiente perjuicio que causan sus ilícitos en la sociedad en su conjunto y en la institución que dicen representar)
Mal podrá lucharse contra el delito (descartaremos el nebuloso universo de la “inseguridad” dado que como objetivo a combatir es incierto y brumoso) si no se comprende el verdadero papel que cumplen las fuerzas de seguridad en la administración del delito en beneficio propio, con protección política y cobertura judicial.
No entender cómo funciona esa articulación, cómo se trama ese universo paralelo que los mencionados ocultan bajo la amplificación y multiplicación de delitos menores impide cualquier abordaje eficaz de la lucha contra el delito.
En definitiva, montar el escenario de la “inseguridad” es un engañapichanga que oculta el verdadero mundo del delito y enmascara a sus protagonistas reales.
Y por ahora, gran parte de la sociedad ha caído en la trampa.
Lamentablemente.
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4 comentarios:

Daniel dijo...

Bien. Ese mismo tipo de argumentación es la que despliegan hoy a lo tonto los amigos caceroludos por el caso Vinader.

Dormidano dijo...

Daniel:
Es desalentador, un asco. A esta altura considero que quien respalda esos argumentos, vota pensando en ellos y vive de acuerdo a ellos comienza a parecerme una mala persona.

claudio dijo...

Cuando hablamos de seguridad , en general , se habla solo de la policia y seguro que son parte del problema, pero poco se habla de los jueces, pocos podrian seguramente justificar sus patrimonios. Atras de cada Policia corrupto hay un juez que lo avala, pero por lo general esta oculto en su palacete.
Abrazo y gracias por tus posteos,

Gustavo Atilio Rui dijo...

Hace rato que sostengo que parte del problema de la violencia que acompaña a los delitos, es la presión que le meten sus compinches policías, abogados, fiscales y jueces.
Son muchas bocas para alimentar por parte de un solo chorro. Y son bocas avarientas.
Esto nada tiene que ver con el garantismo, que es parte inescindible de los derechos humanos, sino con las mafias corporativas.
Un abrazo. Muy buén post.