martes, 26 de febrero de 2013

EL ENOJO EN EL LUGAR CORRECTO

Es de público conocimiento el chiste acerca del calor: un adulto se queja del excesivo calor de una tarde de marzo y un niño, en este caso su hijo, pregunta con gesto inocente: "¿Es culpa del gobierno no?"
Algo de este ingénuo interrogante está presente en los ¿razonamientos? que establece el uomo cualunque acerca del aumento de los precios (aumento evidente amigos míos, pese a que el dedo intente tapar el sol: digo ésto para evitar que el debate se vaya de costado como camión chocado).
Para hablar de este tema es necesario explicar, aunque parezca increíble a esta altura, la condición de los grupos mediáticos en América Latina. En principio hay que decir que replican la concentración que se puede apreciar en el mundo sobre la propiedad de los medios. E inmediatamente hay que señalar que los grupos propietarios no solo tienen intereses en empresas de comunicación sino también en todo el espectro de la actividad económica, llámese producción, elaboración, distribución, mercado financiero, inmobiliario, etc.
O sea, los grupos que ostentan la propiedad de los medios son los que además poseen el poder económico. Y este es un dato no menor.
Por tanto, la ideología que despliegan esos medios proviene de los intereses de sus grupos controlantes (no podría ser de otra manera) y el discurso que distribuyen se corresponde con esa ideología (cosa por demás obvia). Entonces, y antes de cualquier debate, podemos inferir que no es posible hablar de independencia de un medio en tanto no es independiente de su propietario o controlante (si si, los medios oficiales replican también el mismo esquema, solo con una pequeña diferencia: no se puede controlar ni influir ni exigir nada que no sea su propio discurso a un medio privado, en cambio ese control debiera ser posible de ejecutar en un medio público que en definitiva, es la expresión o la pretensión de expresión de una pluralidad o colectivo que no obtiene espacios de expresión en los medios privados).
Comprender lo anterior no implica un juicio de valor. Significa conocer la topología de los medios para saber que cuando hablan, no hablan en forma neutral (en rigor de verdad, nadie puede hacerlo): defienden unos intereses concretos, palpables y visibles.
Y aquí aparece la primera sustitución: la pretendida independencia es nada más ni nada menos que la opinión de los dueños del medio en cuestión propalada por quienes son contratados al respecto. Incluso sin una bajada de línea explícita, el control se despliega siguiendo otros carriles menos evidentes pero igualmente efectivos (¿otra vez? por supuesto, esto vale para los medios oficiales).
La ideología de los grupos económicos dominantes es entonces la que se desparrama usando los medios de los que son propietarios. Y esa ideología es de neto corte conservador y económicamente ortodoxa (a veces ni siquiera es neoliberal porque es aún más reaccionaria). Entonces, los mensajes que llegan al público que consume el medio provienen de esa mirada acerda de la sociedad. Y esa mirada es entonces conservadora y económicamente ortodoxa.
¿Con qué fin? Con el más obvio de los fines: mantener el status quo en donde la empresa está en posición dominante, propiciar escenarios en donde la empresa acreciente su poder económico y político y lograr consenso en torno a sus propios objetivos camuflándolos bajo el rótulo de "opinión pública" (qué cosa curiosa, llamar opinión "pública" al despliegue de la opinión privada disfrazada de sentido común). Estos grupos saben que deben legitimar su existencia porque, ante todo, son grupos monopólicos que hacen y deshacen en contra del interés público. La única forma de esconder ese saqueo es hacerlo pasar como algo inevitable que proviene de las leyes naturales en donde las propias empresas son inevitables (para lo cual hay que quitar de circulación o desechar las evidencias que prueban que una empresa es un hecho social y no una emanación atmosférica).
Y los destinatarios de este esfuerzo no son los gobiernos, a los que pueden coptar en puntos más precisos y neurálgicos. El esfuerzo está dirigido a los que deben legitimar a los sucesivos gobiernos mediante el voto y que son además consumidores de sus productos. De estos sujetos los medios deben obtener anuencia implícita y explícita.
Otra verdad de perogrullo: los grupos mediáticos requieren de la buena voluntad de los gobiernos a los efectos de mantener y acrecentar su poder. Por eso impulsan candidatos que los representen y defienden doctrinas que sostengan sus propios objetivos. Por eso defendieron y sostuvieron a dictaduras y gobiernos de distinto signo, para preservar sus propios intereses. Lo que no representa un problema.
El problema aparece cuando esa defensa de intereses particulares (o de clase si lo prefieren) por obra y gracia de los medios de comunicación concentrados se transforma en la supuesta defensa de los intereses de toda una sociedad. Se vende la idea de que los objetivos del grupo son los objetivos de la sociedad. Algunos compran el engaño por ingenuidad, pero la mayorìa lo hace por conveniencia.
¿Qué carajo tiene que ver esto con la inflación?
Ahí va.
Es cierto que los gobiernos tienen responsabilidad en ese tema (por las razones contrarias a las que Uds. sostienen amigos ortodoxos de Friedman y CIA). Pero no solo los gobiernos (en este caso los que no comulgan con los intereses de los grupos mediáticos, o al menos, disienten públicamente con ellos).
Ya hemos dicho que los grupos mediáticos son además propietarios o tienen participación directa e importante en empresas de servicios, alimentarias, financieras, etc. Las famosas formadoras de precios que además están inextricablemente unidas a los grupos mediáticos por medio de la publicidad (ese argumento que esgrimen los más ingénuos orejones del tarro "-A los privados no les pagamos el sueldo nosotros" es una pavada atómica porque sí les garpamos el sueldo, cada vez que compramos un producto de esas empresas, que, además están concentradas en monopolios por lo que siempre terminamos comprándole a los mismos, o sea, no podemos elegir comprar a otros que no sean ellos, si eso no es pagarle el sueldo a Bonelli...)
Esos grupos entonces intentar descartar su parte de responsabilidad en la inflación, o sea, en el aumento de precios que ejecutan y por tanto, tratan (con un éxito notable por otra parte) de desviar la indignación colectiva hacia uno solo de los agentes económicos en danza. También mediante ese dispositivo intentan forzar la adopción de recetas que, como no podría ser de otra manera, refuerzan sus intereses.
No es el objetivo de este texto extendernos en las causas de la inflación. Déjennos señalar al menos que el fondo del asunto es una puja redistributiva apoteótica. Y otras cosas más, pero al menos ésa.
Lo que se trata de hacer es por lo menos quitar del medio el telón que despliegan los medios concentrados para ocultar su propia responsabilidad en aquello que critican.
Hay que enojarse con el gobierno, pero también con las empresas formadoras de precios. Este segundo enojo, curiosamente, no aparece por ninguna parte o apenas asoma la ñata. Y tendría que estar, en el tapete, a la luz pública y suscitar, ya que estamos, cacerolazos y protestas. Porque el accionar de las empresas privadas concentradas, las formadoras de precios y los medios que las defienden a capa y espada merecen al menos la misma censura que el gobierno.
Por eso digo que el esfuerzo por ocultar la mano que mece la cuna por parte de los medios concentrados tiene un éxito tremendo. Evidencia de lo cual es el empedernido silencio de los consumidores en torno a las empresas que aumentan precios a mansalva y el sonoro rechazo al gobierno de esos mismos consumidores.
Agrego para cerrar este ya extenso post: el peor problema de un boxeador es no saber de dónde le llueven los sopapos. Cuando a un pugilista le cierran un ojo sabe que el contendiente le caerá por ese lado aprovechando su momentánea ceguera. Creo que la moraleja, si la hay, es también obvia.

6 comentarios:

Cosmocosme dijo...

Acuerdo en un 99%. Sólo agregaría que, en efecto, si bien el control debiera ser posible de ejecutar en un medio público que en definitiva, es la expresión o la pretensión de expresión de una pluralidad o colectivo que no obtiene espacios de expresión en los medios privados, tal control debería ser posible (aquí el agregado) en un contexto más equitativo: vale decir, siempre y cuando exista una ley cuyo funcionamiento (cosa que ahora no sucede porque, como sabemos, está trabada justito en lo que respecta a la posición dominante) impida la existencia de medios privados con posición dominante.
Ahí, y solo ahí, si debería el estado incluir todas las voces posibles dentro de sus medios de comunicación. Yendo a un ejemplo concreto: la TV pública debería permitir mayor pluralidad de voces, siempre y cuando no existan medios con posición dominante.
¿Por qué digo esto? Sencillo: en mi opinión, cuando existen medios con posición dominante (o sea, un fallo en el sistema de medios) incluir la voz (pluralidad) del dominante en proporción similar proporción a las voces que no tienen espacio allende los medios de comunicación (audiovisuales, estamos hablando) públicos en los medios públicos es darle una ventaja extra a estos medios, que ya la tienen y de sobra.

La gráfica ya es otro tema ya que no supone una finitud (al menos no tan drástica como sucede con el espectro radioeléctrico) en el soporte.

Moscón dijo...

"A mi me pasa lo mismo que a ud"
Es así Dormi,me chupó el(poco)cerebro y enebró mis ideas para mandarlas ordenadas en un post.No voy a negar cierto halago,pero por favor no nos olvidemos de Palega Ortito ,gracias a que su filantropía precipitó el coloide separando los que piensan feo de un lado,y los otros decentes por otro fajo de billetes.

Usté,usté es un grande.

Dormidano dijo...

Cosmo:
Cierto es lo que afirma.
Pero añado también que cuando hablo de control también pienso en el control del propio discurso.

Dormidano dijo...

Moscón:
Ay por Tutatis.
Aunque no sé si es peor que cante o que sea político.
O que tenga fans...

Carlos Zuppa dijo...

No entendí, Palito es formador de precios?

Dormidano dijo...

¡Don Carlos!
No, es deformador de música.
Yo lo condeno por su manera de hacer política pero mas que nada por su aporte a la canción popular.