lunes, 21 de enero de 2013

LOS PERRITOS DE PAVLOV

Años de adiestramiento nos han llevado de cabeza a la descalificación a priori de cualquier película cuyo origen sea distinto a la industria cultural de yanquilandia. No me refiero solamente a pelìculas argentinas (cuya sola mención parece causar urticaria a más de uno, acompañada de un gesto de asco similar al de la persona que pisa caca con las patas descalzas) sino a un sinnúmero de producciones de países diversos con una gran y rica producción cinematográfica.
De tanto bombardeo, nuestra percepcién estética legitima sin mayor inconveniente los cliches del cine de EE.UU. y juzga el universo del cine desde ese criterio (que de paso y salvo honrosas excepciones es estrecho, primitivo y cargado de una moralina insoportable) considerando que una película es buena en tanto se parezca al menos un poco al lenguaje promedio del cine estadounidense y no es aceptable si se aleja de él.
Adiestrados en los tiempos, tomas y guiones que impone la usina del norte, cualquier alteración de esa descripción del mundo (por ejemplo, una película en donde la noche sea noche y no esa media penumbra luminosa que pasa por noche en los filmes gringos) solo consigue "aburrir" al espectador, dado que sus esquemas perceptivos no reconocen lo habitual y condenan otras miradas.
Es ésta una discusión que deberíamos enfrentar con la mayor seriedad. Porque la apropiación de la representación del mundo es una derrota que no deberíamos pasar por alto.

4 comentarios:

Rob K dijo...

Coincido con Ud. Eso pasa, creo, por considerar el cine primariamente como industria (que también lo es) antes que como expresión de una cultura o puro arte. Los canales de distribución y salas están mayoritariamente en manos de los capitales de USA, el capital es potente y prepotente.

Por otra parte, el mundo cambió: parece no haber sucesores de un Bergman, un Fellini, un Antonioni, un Kurosawa, un Tarkovski. Nos hemos empobrecido.

Dormidano dijo...

Rob:
Justo pensaba eso mismo el otro día: nos estamos quedando baldíos en cuanto a directores de cine.
Hay un par que aspectaban pero, por una u otra cosa, aflojan o pierden consistencia.

Y sí, el problema de poner el tèrmino industria antes de casi cualquier cosa deriva en situaciones como ésta.
El otro día escuché algo que dijo Dolina al respecto de la uniformización del "gusto".
Prometo buscar el audio y colgarlo en el blog.

Jack Celliers dijo...

Es interesante, sobre todo el comentario sobre la noche, es verdad. La noche de esas películas tiene demasiada luz, seguramente porque así es más facilongo. La oscuridad real me parece más difícil de filmar.

No sólo Hollywood se ha convertido en una máquina de hacer salchichas baratas, el formato del cine se fue al carajo, con esas salitas minúsculas asfixiadas de olores dulzones y multitud de pelotudos con pochoclo y celular. En cambio -reconozcamos algo bueno- el talento yanqui se trasladó a algunas series. Una sociedad que empieza a preguntarse si no está un poco pasada de demente hace cosas como Boardwalk Empire, o Breaking Bad.

Esta nota al respecto me parece interesante:

www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/rosario/12-37076-2012-12-31.html

Dormidano dijo...

Jack:
Hay, ciertamente, una crisis de lenguaje en el cine.
E incluso los que apuestan o intentan hacer un cine distinto también caen en el cliché de oscurecer el agua para que parezca profunda.
Quedan poco narradores consistentes y sobre todo, tipos con algo para decir. Que impresione incluso a un tipo que morfa pochoclo mientras mira su celular en la penumbra.
Por otro lado, me acordé de una joya de estos días tan turbulentos: "Déjame Entrar" dirigida por Tomas Alfredson, un poco de aire entre tanto fantoche