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Hoy no escribiré yo, que ya me soportan demasiado y desde hace bastante tiempo. Voy a robar impúnemente un comentario de Carolina, lectora de este blog, que ayer puso en palabras algo que muchos presentimos. Asi que, en vez de parafrasearla, directamente le afano y listo.
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Desde cierto ángulo, el asunto es sencillo: es la pastillita azul o la pastilla roja. "Si tomas la pastilla azul, fin de la historia. Despertarás en tu cama y creerás lo que quieras creerte".
El "cambio" es elegir la pastilla azul.
El
"cambio" que se votó es, ante todo, volver a la normalidad: los
políticos a sus cosas y nosotros a laburar y a putearlos. Los votantes
no tenemos por qué saber cómo es la puja de intereses en Argentina ni en
el mundo. Ni queremos. No queremos que nos muestren la cocina de las
negociaciones.
Los que votan el cambio no quieren saber qué es una
retención impositiva ni para qué sirve, qué es un tratado de libre
comercio, qué es la Ansés y cómo funciona, qué es un impuesto regresivo,
qué es el consejo de la magistratura, no quieren saber qué es la
geopolítica ni debatir conceptos socio-políticos. Eso pertenece al
universo de los políticos y los técnicos que los asesoran; a nosotros,
los ciudadanos, solo nos corresponde votar cada dos años, escuchar el
noticiero (cualquier noticioso, todos son iguales, total, todo es verdad
porque "salió en todos lo diarios", "lo dijo la radio"), indignarnos
por la corrupción, la violencia de los terroristas y el asesinato
morboso de nenitas que podrían ser nuestras hijas. El votante del cambio
no quiere debatir la repartija del mundo, ni la la democracia, ni el
estado de cosas. De eso que se ocupen los políticos. Si les muestran
en la cara los conflictos que hacen a una sociedad, se ofuscan, se
violentan y después se hastían. Se harrtan.
Es entendible, ya bastante tienen con ocuparse de su vida, los problemas diarios, llegar a fin de mes.
Prefieren
volver a la normalidad de creer que la buena voluntad soluciona la
pobreza y solamente las ganas de laburar te encuentran el trabajo.
A la normalidad de saber que en Medio Oriente siempre hay quilombo y es imposible de entender.
Que en África se mueren de hambre, pero la ONU y Médicos sin Fronteras los van a ayudar.
El votante del cambio se tragó la pastilla azul porque no quiere ver hasta donde llega la madriguera de los conejos.
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No hay mucho más que añadir al respecto. Bueno, solo una cosita: como siempre la mitad odiada de la sociedad le salvó la vida a la mitad que se mandó a coleto la pastillita azul (no boludo, no es viagra). No pudimos evitar que se dieran un tiro pero al menos logramos desviar la trayectoria del proyectil. Porque con la escasa diferencia que consiguió el PRO y sus aliados (no radicales, uds. no son parte del "cambio", Sanz lo acaba de comprender) el margen para destruir todo lo conseguido durante doce años se redujo más que considerablemente. Los muchachos de los globitos pensaban que iban a tener manos libres para hacer y deshacer a voluntad. Ese mito se cayó en pedazos.
Por supuesto, hay que apiolarse para no convertir este salvataje en un argumento del fracaso del PRO. Porque más adelante van a decir que no pudieron hacer lo que había que hacer porque no tuvieron el apoyo suficiente.
En fin, sin que se lo merecieran evitamos que se mataran. Vaya si fuimos generosos. Están en terapia intensiva, pero al menos respiran. Nunca nos van a agradecer, eso sí.
