...
En los años noventa, tan cercanos en el dolor y tan lejanos en la memoria, me cansé de explicar la "tendencia decreciente de la tasa de ganancia" a un montón de cosos que evidentemente no entendieron o si entendieron hicieron como que no entendían.
Ahora que vuelvo a leer el asunto, no me parece tan complicado (más allá de las bifurcaciones matemáticas que no alcanzan para espantar a los agnósticos) y ya que hemos volvido a los noventa económicamente y a 1930 políticamente (digo 1930 para evitar el efecto "infinito" que mentó Aristóteles y no remontarme hasta Rivadavia), lo que explicaba allá cerca y no hace tiempo calculo que necesita volver a ocupar un lugar en nuestra consideración.
Sin duda corrió agua under the bridge, y en esa correntada iban y venían críticas y contranálisis. Pero el asunto sigue teniendo una actualidad que te da vértigo te da. Por lo tanto, renuevo la explicación, pero como soy vago mejor dejo que se explaye uno que sabe mucho más que yo: Claudio Katz.
Ya sé, ya sé. Demasiado pensar recalienta los sesos, pero bueno, uno sigue siendo octimista.
...
"Marx expuso
la ley de la tendencia decreciente de la tasa de ganancia en tres
capítulos del tomo III de ¨El Capital¨ a través de una presentación muy
simple. Definió a la tasa de ganancia (g´) cómo una proporción del
plusvalor (p) en relación al capital total invertido. Dividiendo ese
plusvalor por el capital variable (v: gastos en salarios) y constante
(c: gastos en maquinaria y materias primas) se obtiene: g´ = p/ v + c.
La tasa de ganancia declina como consecuencia del aumento de la
composición técnica (ct : proporción de la maquinaria en relación a la
mano de obra) y del incremento de la composición orgánica (co:
proporción del capital constante en relación al variable) que genera la
mecanización.
Con esta presentación Marx buscó indicar que
aunque existen muchas causas determinantes de la declinación de la tasa
de ganancia, el motivo estructural de esta disminución es la creciente
tecnificación del proceso productivo. Cómo la presión competitiva reduce
el procentaje del nuevo trabajo vivo incorporado en las mercancías en
relación al trabajo muerto (ya objetivado en las materias primas y el
capital fijo de las maquinarias), la tasa de beneficio -basada en la
plusvalía primordialmente relativa extraída a los asalariados- tiende a
decrecer.
Pero Marx puntualizó al mismo tiempo la
existencia de seis fuerzas compensatorias de este proceso. El aumento
del grado de explotación (plusvalía absoluta obtenida a través de la
intensificación o prolongación de la jornada de trabajo), la reducción
del salario por debajo de su valor, el abaratamiento del capital
constante (derivado de la depreciación del capital existente), la
superpoblación relativa (abundancia del trabajo asalariado disponible
para incrementar la explotación o reducir el salario), el comercio
exterior (favorable a los países desarrollados mediante el abaratamiento
de las materias primas y los bienes de consumo de los asalariados) y el
aumento del capital por acciones (cuyos dividendos permiten ganancias
extraordinarias). Marx destacó, además, que el incremento de la
capacidad productiva, del volúmen de las ventas y de la masa total de
ganancias contrarrestan, pero no revierten la caída de la tasa de
beneficio."
...
Lo peor de Marx y el marxismo, añado yo, es que siga teniendo sustancia y vigencia. Lo que indica que el sistema capitalista y cada una de las perversiones analizadas por Marx (que ahora los marxistas dogmáticos usan como los diez mandamientos abandonando la dialéctica imprescindible para cualquier análisis) siguen ahí. La explotación, la plusvalía y la alienación peinan largas y vigorosas guedejas aunque han mutado, se han recubierto y encubierto bajo otros procesos sociales, han modificado su forma pero no su esencia. Los que no modificaron su forma para combatir al capitalismo son la mayoría de los partidos de izquierda y los marxismos ingénuos que andan por el mundo con la regla de cálculo. No comprendieron que el capitalismo mutó. Sigue siendo él mismo pero no se parece a él mismo. Digamos, a riesgo de ser superficiales, el capitalismo ocultó las aristas que lo volvían atacable. La izquierda boba no logra todavía comprenderlo.
Muchos otros tampoco, pero al menos no dicen que son de izquierda.
