El maestro Alejandro Dolina decía una vez que no siempre el niño que se sienta adelante es bueno. Que de vez en cuando pegarle una patada a la cortina metálica del almacén del Tano era saludable y de alguna y secreta forma eso ayudaba al progreso del universo. Que su propia experiencia le había demostrado que entre los niños buenos que se sentaban adelante y le llevaban manzanas a la maestra se encontraban aquellos que nunca se jugarían su suerte a una baraja cuando fuera necesario poner el cuerpo y apechugar lo que viniera. Había aprendido además que en esos niños buenos anidaba un buchón, un futuro traidor.
De eso me acordé hoy, al leer estas dos noticias.