Con esa vocación necrológica amnésica que tienen los "medios serios" se ha ensalzado hasta el hartazgo la "figura" de Juan Antonio Samaranch, ex-presidente del COI, Comité Olímpico Internacional. Sïmbolo del deporte, máximo referente del olimpismo mundial, etc., etc. Una retahila de elogios y alabanzas empalagosas que terminan de conformar una leyenda que tiene esa sustancia: leyenda. Porque la historia de Juan Antonio Samaranch es muy otra.
Por ejemplo, muy pocos han informado que Juan Antonio Samaranch fue un político franquista con activa participación en la dictadura de Franco en España. Ni tampoco de sus manejos poco claros con Joäo Havelange y Horst Dassler. Mucho menos la entrega de la Olimpíadas a ISL, una empresa de comercialización fundada por el propio Dassler, que a su vez era el fundador de ADIDAS. Ni de los enredos, negocios y corrupción que permanecen ocultos detrás de los cinco anillos mancillados una y otra vez por tipos como Samaranch o Dassler o Blatter.
Uno ya debería estar acostumbrado, pero me resisto a naturalizar estas sospechosas omisiones.