La tragedia humana detrás de los 208.000 despidos es inimaginable. Un despedido no es solo un número que engrosa estadísticas. Es alguien que pierde su presente y de esta forma, también tiene su futuro en entredicho.
Ahora, supongamos que cada uno de esos 208.000 sea sostén de una familia de 3 personas (promedio). Tenemos entonces 624.000 personas con problemas de manutención. Imaginemos además que esas 624.000 personas ahora con problemas no pueden contratar servicios, ni las famosas changas que hacen trabajadores precarizados, ni casi nada que no sea comer (pagar la luz, el agua y el gas casi es una quimera). El dominó se cae y arrastra a todo el mundo.
Aquí no hay pesada herencia, o bombas a punto de explotar, o un camino duro que requiere sacrificios: lo que hay es una política perversa, fría y calculada que requiere elevar el índice de desempleo a por lo menos dos dígitos, para bajar el valor del trabajo en dólares y de esta forma propiciar márgenes de rentabilidad altos o superaltos para los sectores concentrados de la economía.
Cada desempleado es el resultado de una decisión política, no un accidente ni la consecuencia de una mala gestión.
No hay improvisación sino premeditación y alevosía.
No hay improvisación sino premeditación y alevosía.
...
