sábado, 30 de abril de 2016

VERGÜENZA

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Cada mañana, luego de las abluciones matinales, en el momento en que clavo el USB en la realidad, junto con la bronca y la rabia a grito pelado (que como saben varios de los que me sufren hace que por ejemplo recupere el ademán infantil que remeda a un cowboy y le apunte a la pantalla acompañando el asunto con un sonoro ¡pum!) me inunda otro sentimiento (cuando lean esta palabra estaciónenla lejos de las güevadas de Stamateas, Coelho, el Sri Sri Ravi Shankar, Odolito y tantos otros cretinos que asolan la conciencia y el pensamiento débil). Un profundo sentimiento de vergüenza. Es ésa sensación la que termina doblegando al resto. Vergüenza. Una extendida y unánime vergüenza.
Vergüenza porque en cuatro meses aquel país que con todos los problemas, errores, aciertos y desaciertos, empujábamos en dirección a la dignidad -que consiste en una mezcla equilibrada entre soberanía política, independencia económica y autonomía cultural- se convirtió en una republiqueta bananera, en un país gobernado por un dictadorzuelo remendado e intelectualmente insolvente llamado Costa Pobre (gracias Olmedo).
Sin pudor los que ahora fungen como gobierno nos pusieron a todos en el plató de la entrega, la dependencia y la genuflexión militante. Abjuraron de todo orgullo, si es que alguna vez lo tuvieron, y regalaron lo conseguido hasta ahora proclamando que esto era lo que había que hacer para volver al "mundo". Claro, dije yo mismo a mi oído, es lo que hicieron los países del primer idem cada vez que quisieron volver a sí mismos. Se agacharon servilmente ¿no? No.
No existe ningún estado, ningún país, que, rifando los resortes de su economía haya llegado a alguna parte como no sea un 2001.
Por eso la vergüenza, pero aumentada, multiplicada exponencialmente, por la primera entrega, la que protagonizaron los votantes del PRO. Porque de esa primera genuflexión provino la segunda. Y se lo vamos a recordar hasta el día de su extramaunción: son responsables, corresponables si querés algo de piedad (no culpables, que es otra cosa).
Vergüenza.
Aquella vergüenza que inventaron los cacerolos cuando decían con prosopopeya de cipayo provinciano: "¡qué van a pensar de nosotros en el mundo!". Ese mismo sentimiento que ahora me inunda cuando intento comprender que estamos gobernados por un presidente que tiene cuentas offshore, que es director de empresas offshore, que tiene una decena de empresas offshore en manos de parientes y entenados, que el gabinete cuenta con un prontuario que haría palidecer al petiso orejudo y que por ejemplo tiene de embajador a Miguel del Sel en Panamá, a Lousteau en EE.UU. (un timbero del dólar futuro), en el Banco Central a un procesado por un choreo masivo, en el ministerio de economía a un señor que armó un mecanismo para fugar guita, etc. Todo estas hazañas hacen que en ese famoso mundo se caguen de risa de Argentina, cosa que antes no pasaba. Más que nada porque discutíamos sin cortapisas los privilegios de los poderosos. Ahora nos agacharon para que besemos los pasos que da Singer. Y el ministro de economía festeja.
Vergüenza inmensa cuando los "medios serios", aquellos que dibujaron supuestos ataques a la prensa, silencian voces, bloquean opiniones, censuran imágenes. Vergüenza cuando nos cuentan que el desempleo es una sensación térmica, que las inundaciones son un desborde cloacal, que los muertos en Costa Salguero son una fatalidad.
Vergüenza.
Vergüenza cuando discuto o escucho discutir a los defensores de Macri que también intentan tapar el sol con la nalga derecha, cagándose redondamente en el que se queda sin laburo y sin futuro. 
Vergüenza porque creen que dignidad es santificar su indignación de ciudadano decente. Vergüenza porque creen que la glorificación del egoismo es decencia. Vergüenza porque creen que el egoismo militante es una forma de construir una sociedad. Vergüenza porque colocan la culpa en otro lado, y en ese sentido son los mejores representantes del PRO que hace lo mismo pero a nivel institucional: echarle la culpa a cualquiera para no reconocer la inoperancia y estulticia de sus actos.
Vergüenza por el odio militante que despliegan en sus vidas chiquitas y perimidas. Odio que es el fundamento de sus elecciones políticas.
Vergüenza por el racismo que ocultan bajo un manto de dudosos buenos modales.
Vergüenza porque en el fondo sostienen que los únicos con derecho a vivir son ellos y todo el resto que se joda. Porque el "agarrá la pala" es una frase que oculta la justificación de un genocidio.
Vergüenza.
Es eso lo que impregna todos los rincones y desborda de esas caras aún rozagantes que eyaculan el sonsonete: "-Negros de mierda".
Vergüenza.
Vergüenza que parecen no sentir. Vergüenza que parecen ocultar. Por eso mismo: vergüenza.
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10 comentarios:

RT dijo...

Mi vergüenza:

Siento la necesidad de comenzar dejando en claro que en este caso "vergüenza" está referida al "sentimiento de pérdida de dignidad causado por una humillación o insulto recibidos", no por el "sentimiento de incomodidad producido por el temor a hacer el ridículo ante alguien". Digo por ese asunto de los diferentes sentidos que se pueden disparar a partir de las interpretaciones.
Desde estos humildes blogs salimos a disputarle el relato hegemónico a un gran aparato de miles de años de existencia, afinado para crear sentido común y construcción social que se adapta a las tecnologías pero que en su base tiene las mismas virtudes y vicios. Virtudes y vicios de la democracia primigenia que estableció, justamente, una forma para resolver los conflictos en las relaciones de poder: La justicia social no tiene cabida en las relaciones de poder, tampoco en la guerra. Y claro, sobran los ejemplos que sirven para saber que en los momentos que la democracia no tiene capacidad de resolver los humanos nos dedicamos a reventarnos los órganos por medio de la violencia.
En la movilización de hoy vemos que el resultado conduce a necesitar de aquellos que alguna vez repudiamos y que en ese consenso, en esa unión, nos destacaríamos democráticos y que en ese consenso la realidad es que todas son relaciones de poder en las que la empatía y el altruismo huelgan de tierra sin labrar.
Y también en el día a día disputamos el relato hegemónico entre amigos, compañeros y familiares. Así es que ante la frustración que es amplia y mucha, me pregunto si somos consientes de que en estos casos en segundos disputamos a horas de emisión organizada vista y escuchadas en esa extensión de nuestros sentidos en el que se han convertido las pantallas que llevamos en nuestras manos o están frente a la mesa en la que ponemos nuestra comida a la hora de comer.
Por caso todos creemos que el dinero es dinero porque eso: le damos más valor a un trozo de papel pintado que a una obra humana y confiamos en los bancos para guardarlos porque cuando nacimos ya todo estaba dado para
-creer- que no sólo el mundo es así sino que también el universo (ya que según los monetaristas esas serían leyes universales) tan constantes como la constante de Boltzmann o la sucesión de Fibonacci.
Y por estos tiempos la cosa consiste en intercambiar papel pintado, bonos y compromiso de pago, eso nos hace previsibles, confiables, y en eso se va nuestra dignidad.
Resulta que cuando alguna vez supimos darnos un sistema totalmente fallado retornamos a las relaciones comerciales anteriores al dinero, el trueque: Bárbaros.
Vergüenza que no queremos sentir de volver al trueque, entonces reclamamos volver a relaciones mejor balanceadas. Occidentales y de base ideológica cristiana volcamos la violencia hacia adentro y sentimos Vergüenza. Y como no pensar si fuimos leves en la critica al movimiento que apoyamos. Vergüenza.
Hay demasiados gadgets en mercadolibre para comenzar la revolución.
Entonces la revolución debe estar pasando por otro lado, es ahí en donde la actual gestión supo como hacer síntesis: los que menos tienen quieren los gadgets de mercadolibre y la corrupción indigna a los mejor alimentados, sino fuera porque son una banda de mafiosos tendrían asegurado el poder por largos años.

ram dijo...

No, Dormi, no puedo estar más en desacuerdo con usté, terrible éso de que ande sintisndo vergüenza por los logros de la revolución de la alegría de uól estrit - ¿Y no le deja un lugarcito así de chiquitito a ese ASCO profundo que también inspira? - No hay caso, siempre defraudando a su público.

Dormidano dijo...

RT:
Si, por todo lo anterior también vergüenza.
Y mucha vergüenza porque cada vez que me levanto recuerdo que el presidente es Macri. Eso solo me desarma.

Dormidano dijo...

Ram:
No no, tengo lugar para el asco. pero viene como en volutas de humo mezclado con la vergüenza.

Juan Guillermo Cocina dijo...

De lo mejor que le he leído. Excelente.

Con respecto a los autoayudistas: no siento el rechazo que siente la mayoría hacia estos personajes, aun compartiendo la opinión generalizada que afirma que es un absurdo lograr el éxito personal sobre la base de una receta de frases hechas entregadas por un gurú que ha vivido en otro ámbito, en otra cultura, e incluso en otro tiempo, diferentes al de uno mismo. Comparto también, que es un absurdo negar el contexto socioeconómico en el cual uno vive a la hora de "emprender el camino del éxito". Además, se hace evidente el fomento del individualismo en estos libritos, lo cual los transforma en producciones culturales potencialmente reaccionarias.

Sin embargo, me parece que son inofensivos, la mayor parte del tiempo. Es decir, todo depende del individuo que los lee, y no tanto de quien los escribe. El escritor entrega su receta, que ha elaborado a partir de la ingesta de una tonelada de diferentes estudios y trabajos (la mayoría, serios), los ha masticado, los ha digerido y ha intentado armar un relato coherente con todo eso (la coherencia interna del relato global depende de la habilidad del gurú de turno), resumiendo toda su producción en una frase registrada (TM) lista para ser vendida. Algunos van más allá y explican el "cómo hice": personas que han obtenido ciertos logros cuentan su propia experiencia; creo que esos relatos son un poco más valiosos. Pero a partir de allí, todo depende del lector, que realiza básicamente, la misma operación que el gurú: despedaza el trabajo, e ingiere aquello que le interesa, y rechaza lo que no le sirve. Lo más probable es que termine olvidando lo que "aprendió" en un par de años.

Con esto quiero decir, que los libros de autoayuda, y los gurús del "arte de vivir" no son el problema, son más bien un síntoma; el de una sociedad crecientemente individualista, que ha destrozado gradualmente todo lazo de solidaridad y ha instaurado el "éxito" como valor supremo individual. Los individuos nos vemos obligados a "construirnos" a nosotros mismos, a ser "creativos", "emprendedores", etc. Y la "clase media", identidad sociopolítica reaccionaria construída para desintegrar los lazos sociales comunitarios, siente toda la ansiedad en carne propia, como es de esperarse, constituyéndose en principal consumidora de autoayudismo.

Pero es interesante, de todos modos, ver de dónde se nutren estos pseudo-sofistas modernos para construir sus relatos. Por eso, les pido, que no lean a Paulo Cohelo, lean a Joseph Campbell; no lean a Osho, conviértanse al budismo tibetano (si tienen huevos); no lean a Stamateas, lean a Viktor Frankl; si quieren aprender "a respirar", lean a Alexander Lowen, que entregó su vida a honrar el cuerpo contra los designios de la mente y su hambre de poder, no compren la farsa de Ravi Shankar; y si quieren una doctrina seria del individualismo, lean a Ralph Waldo Emerson.

Daniel dijo...

Muy bueno Dormi.

Tilo dijo...

Excelente. Duele leerlo. Duele asumir que ese tipo SEA nuestro presidente.
Duele profundamente que el repechaje, trabajosa y duramente transitado durante 1os mejores 12 años de los que tengo memoria, se licúe con tanta facilidad, con tanta indiferencia, especialmente en lo relacionado con nuestra SOBERANIA, concepto fundamental a partir del cual nace, surge, florece y fructifica TODO lo demás, CON LA GENTE ADENTRO.

Abrazo

Anónimo dijo...

El posteo describe con precision a los militantes de la derecha.

Anónimo dijo...

La verguenza es de larga data, la verguenza que provoca el racismo, el cancherismo, la "viveza argentina" y todas esas pelotudeces que promueve el centralismo unitario. Mirá que "vivos" que son que en el 2001 puteaban a los mismos que hoy vuelven a defender aunque les esten rompiendo el OGT peor que antes. La viveza e inteligencia de Pergolini que salia golpeando una cacerolita en el 2001 en pose canchera con su traje y sus anteojos de sol, y hoy le dice a los mismos garcas "No nos cagues mauricio", como no va a dar verguenza todo esto.

Mariano Liva dijo...

que fantasma termino siendo Pergolini