lunes, 11 de junio de 2012

JORGITO FRÍAS

Esta pequeña anécdota busca interlocutores, cómplices diría yo.
Lo que voy a contar ocurría en los colectivos de la fenecida Cooperativa TAC. Puede parecer trivial, quién sabe. Pero las imágenes asoman su nariz húmeda cada vez que subo a un bondi, así que, mejor las dejo salir y ya.
Allá lejos y hace no tanto tiempo, comienzo de los años setenta ponele, para no andar mezquinando años, viajábamos con mi madre, que era y es maestra, desde mi pueblo a la capital de Mendoza, o sea, a Mendoza.
El trayecto lo cubría una unidad que conocíamos con el esperanzador título de “Colectivo de La Paz”. No porque fuera una misión en pos de la armonía universal sino porque unía la ciudad homónima de Mendoza con la capital de la misma.
Más de cien kilómetros de pura aventura carretera, sometidos a la crueldad del asfalto y la voluntad esquiva del vehículo que cada tanto expiraba.
Pensemos que no había ruta internacional en ese momento y que la cinta pavimentada a la que todos llamábamos camino era más bien la unión, a la que te criaste, de varios caminos vecinales que atravesaban pueblos y ciudades.
Una de esas ciudades era Palmira. Ubicada a pocos kilómetros de una urbe más importante, San Martín de Mendoza. Era (fue) una ciudad ferroviaria. Por lo tanto la urbanización se extendía siguiendo las vías del tren. Además contaba con una fábrica de pintura, “La Duperial”, ubicada en los márgenes del Río Mendoza y que anunciaba su presencia emanando unos olores pútridos, desagradables y penetrantes que uno no podía dejar de olfatear si atravesaba el lugar. Y el colectivo en el que viajábamos con mi madre lo hacía.
Justo al salir de la zona urbana estaba el puente que cruzaba el río mencionado.
Y al comienzo del puente, una parada.
En ese lugar, en ese refugio subía al colectivo Jorgito Frías.
¿Quién era Jorgito Frías? El se presentaba como “Jorgito Frías, no vidente de Palmira”. Siempre venía acompañado de una mujer, supongo que era su esposa, y llevaba un estuche de acordeón en bandolera.
Tirando a petiso, de pelo negro, no usaba anteojos para ocultar sus ojos. Siempre de impecable traje y con una chalina en los hombros durante el invierno.
Y la voz. Jorgito Frías tenía una voz ronca pero afinada. Una especie de Satchmo local. Como ya habrán sospechado, Jorgito se ganaba la vida cantando en los colectivos.
Seguramente llevaba bastante tiempo en el oficio porque todos los choferes lo saludaban como a un amigo. Él tenía para cada uno una deferencia especial. Los conocía por su nombre, preguntaba cómo estaba la familia, recordaba los nombres de los hijos, etc.
Yo, el niño que era yo en aquella época, miraba con sorpresa a Jorgito cada vez que subía al colectivo. Nunca dejé de asombrarme. Así como tampoco nunca pude dejar de apreciar la precisión de Jorgito cuando tocaba y cantaba, pulsando su acordeón con la soltura de un profesional.
Más tarde en la vida vine a caer en la cuenta que la ejecución del instrumento que desplegaba Frías era de las mejores que he escuchado en la vida: sabía modular la potencia, la calidez de las notas y además, complementar su canto para que resaltaran sus mejores virtudes y ayudara a cubrir los baches vocales.
Cuando cantaba, repito, era como oír a Louis Amstrong entonando tarantelas, cumbias del Cuarteto Imperial y otros temas de su repertorio.
Durante veinte minutos, más o menos, actuaba, luego pasaba recogiendo el dinero “a voluntad” y a continuación, ocupaba un asiento, casi siempre adelante y charlaba con los choferes hasta llegar a su destino. En la terminal de Mendoza bajaba y subía a otro colectivo que hiciera el recorrido inverso.
Lo pude ver durante muchos años, mientras acompañaba a mi madre a “la capital” para realizar trámites y compras. Silenciosamente, alguna vez dejó de aparecer.
Quizás la política hacia los músicos ambulantes se endureció o quizás no pudo viajar más por algún otro motivo.
Sea cual fuere la causa nunca más lo volví a ver.
Y, como ya dije por allá arriba, cada vez que subo a un bondi miro la puerta con ojos de pibe esperando que suba y cante una antigua tarantela fraseada al estilo jazz, acompañado de un ligero “scat” con el que cerraba siempre cada una de las canciones.
Tengo ganas de volver a escuchar “Jorgito Frías, no vidente de Palmira”.
Decía que este relato buscaba cómplices.
Si alguien lo vio, como yo en aquellos años, cuente cuente.
Si alguien sabe qué paso con Jorgito Frías, cuente cuente.
Este tipo que soy ahora sumergido en el torbellino de Buenos Aires agradecerá esa caricia.

13 comentarios:

Rob K dijo...

Su relato es una maravilla.

Dormidano dijo...

Rob:
Muchas gracias.

Moscón dijo...

Que diferencia entre el rango y el mérito ¿no?

Hilda Mendoza dijo...

Muy bueno el relato... No puedo ser cómplice porque no puedo aportar datos...
Qué lindo sería que recibas algo, aunque pequeño, que te permita ponerle un broche...
De esa manera "se esfumó" el muchachito que me miraba en "mi colectivo" -el de las 7 en punto- cuando iba a la escuela secundaria...

Mariam dijo...

Por algo así, te puedo llegar a perdonar eso de la Vida es un relato.

A mi me pasó algo parecido con un tipo que solía leer. Escribía lindo lindo.

Si alguien lo encuentra entre noticias sobre Macri o la Iglesia, cuente cuente.

Dormidano dijo...

Mariam:
Es que me estoy viniendo viejo y me ablando che.

Si lo encuentro le aviso.

Daniel Riquelme dijo...

Googlié "Jorgito Frías" por si las moscas y me encontré con tu relato.
Te cuento que cuando tenía entre 8 o 10 años vivía exactamente tu misma experiencia de la mano de mi vieja, solo que de Los Barriales (junín) hasta Mendoza pasando por Palmira. Todo es tal cual vos lo contás. Subía jorgito y todo el colectivo se predisponía a disfrutar. Mis viejos siguen viviendo en Mendoza, yo vivo en mar del Plata y cuando visite a mi vieja le voy a commentar esto. Cualquier cosa que sepa sobre Jorgito te aviso. La pucha que me has hecho pasar un lindo momento de recuerdos. Abrazos.

Dormidano dijo...

Daniel:
Muchas gracias por leer el relato y además, es algo muy lindo tener este recuerdo compartido.
Dese una vuelta cada tanto, también, si me entero de algo sobre Jorgito Frías lo publico inmediatamente.
De nuevo, muchas gracias.
Justo este tipo de efectos era el que esperaba causar y ya hemos hecho algo juntando nuestros recuerdos.
Yo tenía un compañero de colegio en Barriales. Lindo lugar, muy lindo.

Anónimo dijo...

Había compuesto una zamba, que no siempre cantaba y que en el estribillo decía "si yo tuviera mis ojos, qué lindo sería si yo pudiera ver"...

Anónimo dijo...

Falleció hace mucho, como 15 años.

Dormidano dijo...

Anónimo:
Me acuerdo de la zamba.
Sospechaba que había fallecido, pero no tenía la certeza.
Si tiene algún dato que me permita ubicar a algún familiar para entrevistarlo y escribir una nota para la revista en la que colaboro, le agradeceré el dato.

Saludos.

osvaldo ruiz dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
osvaldo ruiz dijo...

1978 yo tenia 5 años y venia por el antiguo carril nacional y libertad ciudad de villa nueva con mi padre, de un tramite bancario y tomemos el micro para venir asía san jose y me quede asombrado de ver el don que tenia este hombre tocando música y sonriendo que hizo algún comentario por que mi padre me retaba por que yo o me quería sentar por lo cual quedo bien con mi padre y con migo diciendo amigo si frena el micro vas a pasar por el parabrisas lo mire asombrado y me que de sentado con mi padre. pasaron muchos años y una sola ves lo oí nombrar en el programa aqui cuyo. que bueno seria que en ve de idolatrar a algún artista yanquee o ingles, valoricemos los artistas de nuestra tierra es muy probable que si le preguntamos a la gente de ma de 60 que son libros vivientes nos puedan comentar sobre estos artistas que ah tenido nuestra historia .
muy atentamente osvaldo ruiz.
donde era la casa de ilario cuadros hoy es una estación de servicio pero aun tenemos la casa de el señor dr. notti que bueno seria que el municipio lo dejara como un museo. desde la calle aun se puede observar el antiguo auto ford 40 del dr.notti y la intalacion da nota de ser una estructura centenria, rescatemos estas joyas que nos hablan de pasado y escribiran el futuro