"Argentina también quiere recibir a Benedicto XVI". Eso dicen ellos. Y atribuyen a un país completo la iniciativa de un colectivo de fieles que juntan firmas para que Ratzinger "visite" Argentina, ya que le queda más o menos de paso.
En el blog de marras que han fundado los juntadores, siguen atribuyéndole a todo el país lo que es nada más ni nada menos que su deseo: "Benedicto, Argentina te espera" dicen muy sueltos de cuerpo. Vuelvo a repetir. Yo no lo espero. Y como soy argentino mi solo rechazo a cualquier visita de Ratzinger a Argentina da por tierra con la petición de principio anterior.
Uno de los organizadores, Carlos Colazo Benavidez (presidente de la Fundación Familia Solidaria), que se toma el atrevimiento de hablar por todos cuando sólo lo hace por ellos mismos dice "La patria vive momento difíciles, la familia atacadala, la vida humana despreciada, un intento muy fuerte por unificar los códigos Civil y Comercial, abriendo la puerta a todo tipo de aberraciones: aborto, adopción por parte de parejas homosexuales, manipulación de embriones, alquiler de vientres. La visita del Papa al santuario nacional es vista como la posibilidad de fortalecer la fe de los argentinos y de iluminar y mostrarle al pueblo lo que está sucediendo, desde la óptica del evangelio".
Lo que nos hace falta, un iluminado que venga a decirnos lo que nosotros, brutos y herejes, no comprendemos. Y además, que lindo "santuario nacional". Me muero de la emoción.
En fin, necesitan un inquisidor de turno.
Y bueno, Ratzinger les viene como anillo al dedo ¿no?
Estoy cansado de que estos santurros hablen en nombre del país, camuflando sus iniciativas como si fueran la voluntad de todos los habitantes. Estoy también harto de que invoquen la pretendida condición católica del país para fundar sus argumentos en una tradición que ha dejado de tener peso y entidad.
Métanse a Ratzinger ahí en donde el sol no acaricia su beata piel. Quizás los aceche la santidad que proporciona la serpiente Kundalini en el lugar menos pensado.