La frase liminar del estadista de la potato in the mouth vale para todo el resto del mundo, menos para él que, sin contar este "descanso" lleva veintidós días de vacaciones desde el comienzo del año, mucho más que cualquiera de los laburantes de a pata que este mequetrefe y su caterva de laboriosos funcionarios desprecia.
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En el barrio -en donde los eufemismos brillan por su ausencia- dirían que es un vago de mierda. Acá sin embargo respetamos la investidura presidencial y decimos que es un haragán pertinaz e incurable.

