Considerar que unas fotos más o menos subidas de todo "ofenden a la fe" da un poco de risa. Más que todo porque los que de verdad ofenden a la fe son los que, con el mentón en alto y la napia como quien huele mierda, dicen sentirse ofendidas. Esos que bendijeron asesinos, secuestradores y estafadores. Esos mismos que siguen indicando con el dedo índice apuntanto en lontananza, cuál es el destino que le cabe a los herejes que se atrevan a pensar. Esos que en privado, hojean desesperadamente la revista que condenan en público.
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