Uno no debería sorprenderse.
Pero se asombra.
Por la repetición insana de argumentos.
Pese a lo que causaron.
...
...
Y más se asombra el orejón del tarro cuando escucha a ciertas gentes decir que votaría a los tipos que llevarían (potencialmente hablando) a estos cretinos como funcionarios o consejeros. Es como jugar a la ruleta rusa con el tambor lleno.
