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martes, 2 de noviembre de 2010

HAY QUE PENSAR MENOS, YO SIEMPRE LO DIGO

A Marco Antonio Solís no le conviene, como a tantos, que el escuchante piense. Si piensa, Marco se queda con el pescado sin vender.
Hay un mito aquí, un supuesto de sentido común que es necesario desmentir: sin duda en el arte hay pasión, "sentimiento" en el pensamiento lineal de Solís. Pero también hay reflexión, práctica, una lucha cuerpo a cuerpo con las herramientas de expresión y con uno mismo como artista que se cuestiona su capacidad para traducir, para objetivar con mayor eficacia (no eficiencia, eficacia) el universo interior que no es nada más ni nada menos que el propio diálogo entre el adentro y el afuera. Ese diálogo con las sombras que da por resultado cosas exquisitas como "Ojalá", "Balada para un loco", "What a wonderful world", "Summertime" o "Par Mil".
Nadie podrá decir que esas canciones carecen de "sentimiento". Pero tienen un signo distintivo: son la manifestación de una búsqueda tozuda, que no se conforma con lo que encuentra y sigue hurgando y trabajando y trabajando y trabajando.
Asi que Solís, ojalá siga habiendo artistas que buscan. Con éso solo alcanza.
No hay nada más difícil que vivir sin arte.
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Antes que aparezca la frase "sobre gustos no hay nada escrito", quiero acotar que sobre gustos sí hay mucho escrito. Por ejemplo "La Distinción, criterios y bases sociales del gusto" de Pierre Bourdieu. Por las dudas aviso ¿vió?