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La ley de acción y reacción enunciada por Isaac Newton se aplica a parejas de objetos materiales que interaccionan entre sí y se formula diciendo que si un cuerpo A ejerce una fuerza sobre un cuerpo B, este segundo ejerce a su vez sobre A una fuerza igual y de sentido contrario a la anterior.
Los cuerpos A y B ejercen mutuamente fuerzas iguales y de sentido contrario entre sí. Conviene
advertir que estas fuerzas de acción y reacción nunca dan lugar a un
equilibrio o compensación dinámica, ya que siempre actúan sobre cuerpos
diferentes.
La ley de acción y reacción se expresa matemáticamente como:
La ley de acción y reacción se expresa matemáticamente como:
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Normalmente en la naturaleza las fuerzas no se presentan solas, sino en
pares como sucede con las fuerzas de acción y reacción. Estas fuerzas
las ejercen todos los cuerpos que están en contacto con otro.
Estos presupuestos en el medio natural son de aplicación a procesos físicos y mecánicos. En el medio social ocurre algo parecido. El ser humano con su acción sobre otro provoca una reacción, lo que se conoce como conducta reactiva. Si la acción lleva implícito un carácter positivo, pues la conducta reactiva puede ser positiva en un alto nivel de probabilidades. Si lleva implícito un gesto con carácter negativo, también con un alto nivel de certeza se puede esperar una conducta reactiva que lleve implícito un gesto con carácter negativo.
Por lo que, toda acción humana ejercida sobre otra persona provoca una, conducta reactiva, sea positiva o negativa. Así algunas acciones humanas pueden crear caldo de cultivo para la aparición de situaciones sociales conflictivas, en la medida en que determinadas condiciones dan lugar a que se repriman algunas conductas reactivas negativas.
Estas conductas reprimidas provocan sufrimientos que favorecen la gestación de situaciones sociales conflictivas. El accionar inadecuado de ciertos individuos poseedores de poder y fuerza pueden saturar y colman de sufrimiento a otros individuos. La persistencia y reiteración de otras acciones generadoras de nuevas conductas reactivas negativas, sobresaturan el nivel de sufrimiento en esas personas, provocando, en la mayoría de los casos, un arranque de ira desenfrenada, a través de actos de violencia, agresiones, ataques, etc, que encuentran su expresión en un conflicto social.
Estos presupuestos en el medio natural son de aplicación a procesos físicos y mecánicos. En el medio social ocurre algo parecido. El ser humano con su acción sobre otro provoca una reacción, lo que se conoce como conducta reactiva. Si la acción lleva implícito un carácter positivo, pues la conducta reactiva puede ser positiva en un alto nivel de probabilidades. Si lleva implícito un gesto con carácter negativo, también con un alto nivel de certeza se puede esperar una conducta reactiva que lleve implícito un gesto con carácter negativo.
Por lo que, toda acción humana ejercida sobre otra persona provoca una, conducta reactiva, sea positiva o negativa. Así algunas acciones humanas pueden crear caldo de cultivo para la aparición de situaciones sociales conflictivas, en la medida en que determinadas condiciones dan lugar a que se repriman algunas conductas reactivas negativas.
Estas conductas reprimidas provocan sufrimientos que favorecen la gestación de situaciones sociales conflictivas. El accionar inadecuado de ciertos individuos poseedores de poder y fuerza pueden saturar y colman de sufrimiento a otros individuos. La persistencia y reiteración de otras acciones generadoras de nuevas conductas reactivas negativas, sobresaturan el nivel de sufrimiento en esas personas, provocando, en la mayoría de los casos, un arranque de ira desenfrenada, a través de actos de violencia, agresiones, ataques, etc, que encuentran su expresión en un conflicto social.


